Morelia, Michoacán.- Los resultados de la reciente elección local en Coahuila dejaron una lección política que trasciende las fronteras de ese estado: en tiempos de alta competencia electoral, las alianzas pueden representar la diferencia entre la permanencia y la pérdida de espacios políticos.
De acuerdo con los datos del Programa de Resultados Electorales Preliminares (PREP), partidos con larga trayectoria nacional como el Partido Acción Nacional (PAN), Movimiento Ciudadano (MC) y el Partido Verde Ecologista de México (PVEM) no alcanzaron el 3 por ciento de la votación requerida para conservar prerrogativas y representación local. El PAN obtuvo apenas el 2.1 por ciento de los sufragios; Movimiento Ciudadano, el 1.96 por ciento; y el Partido Verde, el 2.6 por ciento.
La legislación electoral de Coahuila establece que aquellos partidos nacionales que no alcancen al menos el 3 por ciento de la votación válida perderán el acceso a recursos públicos estatales y la posibilidad de contar con diputaciones de representación proporcional.
Estos resultados han generado reflexiones dentro y fuera de los partidos políticos.
Incluso el propio PAN reconoció que la votación obtenida representa una llamada de atención para fortalecer su identidad, estructura y crecimiento propio después de varios años participando bajo esquemas de coalición.
Pero más allá de los números, la elección deja un mensaje claro: ningún partido puede dar por asegurada su fortaleza electoral.
Analistas consideran que varios institutos políticos han logrado mantener presencia gracias a las alianzas construidas en los últimos años, particularmente dentro del bloque de la Cuarta Transformación.
En ese contexto, también surge una reflexión sobre el Partido del Trabajo (PT), aliado histórico de Morena.
Diversas voces señalan que, de haber competido en solitario en escenarios similares, también habría enfrentado serias dificultades para alcanzar los porcentajes requeridos por la legislación electoral, como ocurrió con otras fuerzas políticas.
La realidad electoral demuestra que la ciudadanía cada vez es más exigente y que los partidos deben construir confianza, resultados y cercanía con la población para mantener su vigencia. Las alianzas fortalecen proyectos comunes, pero también evidencian que el respaldo ciudadano debe renovarse permanentemente en las urnas.
Lo sucedido en Coahuila es una advertencia para todas las fuerzas políticas del país.
En democracia no existen triunfos eternos ni derrotas definitivas. Son los ciudadanos quienes, con su voto, determinan qué proyectos continúan y cuáles deben replantear su rumbo.
La elección coahuilense deja así una enseñanza contundente: la unidad suma, la división debilita y la confianza ciudadana sigue siendo el activo más valioso para cualquier partido político.
